Tal vez por la gran cantidad de oportunidades y gran parte del potencial económico centrado en sus áreas urbanas a la orilla de la ciudad capital, nos estamos descuidando en cuanto a una planificación integral del país. El panameño vive bajo el signo de la rapidez y por ello casi siempre apuesta a la primera carta.
En el agro panameño se ha producido un cambio. Los viejos productores, buscando mejores caminos para sus hijos, se gastaron el lomo trabajando para enviar a su prole a estudiar en los centros avanzados del exterior. De allá regresaron financistas, ejecutivos, gente de gran ciudad a la que no le interesa o le atrae vivir en el campo. El ajetreo diario en la capital ha borrado todo sentimiento de nostalgia o de querencia a sus lugares de origen. Por eso el 90% de los productores son apenas de subsistencia y no conocen de tecnología, ni trabajan con ella. El restante 10% mantiene el grueso de la producción y ofrece puestos de trabajo de bajos salarios que apenas dan para comer y sólo aportan mucho menos del 4% al Producto Interno Bruto del País.
Para mejorar la situación del agro, el presente Gobierno prometió construir trece proyectos de riego con una inversión de Mil Setecientos Millones. Sin embargo, sólo se invertirán algo más de Trecientos Millones, reduciendo el número de proyectos a sólo cuatro. Significa ello que nuestra producción seguirá igual.
Todo lo anterior indica que hace falta una política mas efectiva y de alicientes a la producción nacional. Los grandes proyectos hoteleros, los inmensos hospitales y mercados regionales que se están promocionando, no nos darán de comer, ni elevarán nuestro crecimiento económico. Es necesaria una planificación más integral para subsanar las carencias del país y aprovechar debidamente sus potencialidades económicas en forma justa. Apostar nuestro crecimiento a una sola carta es un error. Planifiquemos nuestro futuro de mejor forma.
Tal vez por la gran cantidad de oportunidades y gran parte del potencial económico centrado en sus áreas urbanas a la orilla de la ciudad capital, nos estamos descuidando en cuanto a una planificación integral del país.
El panameño vive bajo el signo de la rapidez y por ello casi siempre apuesta a la primera carta.En el agro panameño se ha producido un cambio. Los viejos productores, buscando mejores caminos para sus hijos, se gastaron el lomo trabajando para enviar a su prole a estudiar en los centros avanzados del exterior. De allá regresaron financistas, ejecutivos, gente de gran ciudad a la que no le interesa o le atrae vivir en el campo. El ajetreo diario en la capital ha borrado todo sentimiento de nostalgia o de querencia a sus lugares de origen. Por eso el 90% de los productores son apenas de subsistencia y no conocen de tecnología, ni trabajan con ella. El restante 10% mantiene el grueso de la producción y ofrece puestos de trabajo de bajos salarios que apenas dan para comer y sólo aportan mucho menos del 4% al Producto Interno Bruto del País.
Para mejorar la situación del agro, el presente Gobierno prometió construir trece proyectos de riego con una inversión de Mil Setecientos Millones. Sin embargo, sólo se invertirán algo más de Trecientos Millones, reduciendo el número de proyectos a sólo cuatro. Significa ello que nuestra producción seguirá igual.Todo lo anterior indica que hace falta una política mas efectiva y de alicientes a la producción nacional. Los grandes proyectos hoteleros, los inmensos hospitales y mercados regionales que se están promocionando, no nos darán de comer, ni elevarán nuestro crecimiento económico. Es necesaria una planificación más integral para subsanar las carencias del país y aprovechar debidamente sus potencialidades económicas en forma justa. Apostar nuestro crecimiento a una sola carta es un error. Planifiquemos nuestro futuro de mejor forma.








