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Sábado, 25. Mayo 2013
 
Editorial

LA RENUNCIA DEL ALCALDE

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Ayer se produjo la renuncia del señor Alcalde titular del Distrito de Panamá, distrito capital de un país que —como el nuestro— tiene profundas características de importancia geográfica y económica en la región, con relación al resto del Continente y los otros que completan el orbe. Pero, además, el Municipio de Panamá tiene una grande y determinante tradición histórica en la vida política de las América hispana.
Los acontecimientos políticos que pudieron haber determinado la decisión del señor alcalde, indican claramente que mucho anda mal en las relaciones institucionales del país. Ya era —como quien dice— un secreto a voces que existía una carencia de coordinación entre las acciones y gestiones del Alcalde y las del Ejecutivo nacional. Se podría decir que Is intolerancia enre ambas partes las mantenía en un constante pulseo de medición de fuerzas.
En las últimas horas esa intolerancia  creciendo y la
medición de fuerzas se hizo más exigente. Por ello ya la ciudadanía estaba alertada. No obstante —y a pesar de las voces agoreras o interesadas que se escuchaban — la comunidad esperaba un entendimiento de última hora que resguardara la institucionalidad del país, ya en muchas partes resquebrajada por el juego político incesante e irreverente de algunos.
¿Qué ha de suceder ahora? La situación hasta hoy inédita amerita hacer un alto para reflexionar en la mejor manera de actuar. Nuestro país tiene una gran responsabilidad para consigo mismo y para con la región. Su crecimiento económico y su movimiento comercial sostenido, no pueden descarrilarse. Pensemos primero en el país, por encima de cualquiera otra circunstancia-
Ayer se produjo la renuncia del señor Alcalde titular del Distrito de Panamá, distrito capital de un país que —como el nuestro— tiene profundas características de importancia geográfica y económica en la región, con relación al resto del Continente y los otros que completan el orbe.
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EQUILIBRIO Y COORDINACIÓN

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Dos elementos claramente indispensables en todo proceso de desarrollo franco y alentador, son el equilibrio y la coordinación. Uno no puede existir sin el otro. La Naturaleza misma nos lo en enseña a diario, con sus bruscas sacudidas y protestas, por las acciones descomedidas del hombre.
La Administración Pública se basa, precisamente, en esos dos insustituibles elementos. Los países avanzan y se desarrollan en proporción directa al cumplimiento de una buena administración. Es decir, a la planificación, al estudio, al análisis, al diseño y la proyección de programas bien estructurados, como elementos para asegurar la supervivencia y tranquilidad del Estado.
En Panamá estamos desviándonos hacia la ruta de la improvisación, como derrotero fijo para administrar el país. Nos estamos alejando —tal vez sin proponérnoslo— de la planificación y la prudencia aconsejadas. El Gobierno está haciendo esfuerzos por modernizar el transporte público pero, al mismo tiempo, se lleva de calle la tranquilidad cotidiana con molestias que podrían evitarse si se coordinara mejor la acción oficial con la actividad pública y privada. En otras materias también se han adelantado, por lo menos, ideas positivas pero no se han concretizado por falta de coordinación y equilibrio en la gestión general del Estado. La producción agropecuaria es bajísima y, como en otros rublos, se ha tenido que acudir al subsidio estatal. Igual sucede con la producción industrial, a pesar de que nos hemos adelantado a firmar tratados de libre comercio y promoción comprometiendo más nuestro mercado, sin esperanzas de reciprocidad por la baja producción nacional.
Es aconsejable aprovechar este nuevo período fiscal y administrativo para enmendar errores y rectificar el paso con la coordinación y el equilibrio necesarios. Trabajemos con orden y disciplina para prosperar por el bien común.
Dos elementos claramente indispensables en todo proceso de desarrollo franco y alentador, son el equilibrio y la coordinación. Uno no puede existir sin el otro.

 La Naturaleza misma nos lo en enseña a diario, con sus bruscas sacudidas y protestas, por las acciones descomedidas del hombre.La Administración Pública se basa, precisamente, en esos dos insustituibles elementos. Los países avanzan y se desarrollan en proporción directa al cumplimiento de una buena administración. Es decir, a la planificación, al estudio, al análisis, al diseño y la proyección de programas bien estructurados, como elementos para asegurar la supervivencia y tranquilidad del Estado.

En Panamá estamos desviándonos hacia la ruta de la improvisación, como derrotero fijo para administrar el país. Nos estamos alejando —tal vez sin proponérnoslo— de la planificación y la prudencia aconsejadas. El Gobierno está haciendo esfuerzos por modernizar el transporte público pero, al mismo tiempo, se lleva de calle la tranquilidad cotidiana con molestias que podrían evitarse si se coordinara mejor la acción oficial con la actividad pública y privada. En otras materias también se han adelantado, por lo menos, ideas positivas pero no se han concretizado por falta de coordinación y equilibrio en la gestión general del Estado.

La producción agropecuaria es bajísima y, como en otros rublos, se ha tenido que acudir al subsidio estatal. Igual sucede con la producción industrial, a pesar de que nos hemos adelantado a firmar tratados de libre comercio y promoción comprometiendo más nuestro mercado, sin esperanzas de reciprocidad por la baja producción nacional.Es aconsejable aprovechar este nuevo período fiscal y administrativo para enmendar errores y rectificar el paso con la coordinación y el equilibrio necesarios. Trabajemos con orden y disciplina para prosperar por el bien común.

 

LA MEMORIA IMBORRABLE

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Dicen que la Historia la narran los ganadores. Ello es ciert. Siempre el que gana la batalla queda con la sartén por el mango y    hace y deshace a su entero capricho.   Los países pequeños   son   víctimas de esta onerosa realidad.     Cuando no se puede decir la verdad abiertamente los vencedores tratan de esconderla con sobornos, amenazas y gestiones interesadas. Eso sucedió en este país, después de los sucesos del 9 de Enero.
En aquella ocasión el Gobierno panameño levantó, junto con todo el pueblo, su voz de protesta y de execración del brutal y genocida ataque del ejército norteamericano. Rompimos relaciones con el país norteño e hicimos las reclamaciones del caso ante los organismos internacionales. Después, los cambios de gobierno en ambos países, las consabidas conversaciones diplomáticas y nada más.
Pero la memoria de los pueblos es indeleble. Sólo hace falta el liderazgo adecuado para que despierte con mayor energía e inagotable vigor. Porque, además, tampoco la Historia real puede borrarse. Se podrá tratar de echar un manto de olvido durante algún tiempo, pero cuando las circunstancias cambien se alzará con sus caracteres claros y firmes en el horizonte de los humanos. Los pueblos no olvidan y nunca bajan la guardia. Por eso logramos obtener nuestro Canal y con él nuestra plena soberanía e integridad territorial.
Por ello, aunque nos falte la enjundia de los narradores de la historia, el pueblo panameño cada día vuelve —con mayor vigor e ímpetu— a recordar los hechos que surcaron de luto su existencia con los vejámenes de la discriminación, la prepotencia y la violencia genocida. Los actos conmemorativos de ayer, a nivel popular, demostraron claramente que los pueblos no pierden la memoria. Porque ella -además e indefectiblemente— es imborrable.
Dicen que la Historia la narran los ganadores. Ello es ciert. Siempre el que gana la batalla queda con la sartén por el mango y    hace y deshace a su entero capricho.  

 Los países pequeños   son   víctimas de esta onerosa realidad.     Cuando no se puede decir la verdad abiertamente los vencedores tratan de esconderla con sobornos, amenazas y gestiones interesadas. Eso sucedió en este país, después de los sucesos del 9 de Enero.En aquella ocasión el Gobierno panameño levantó, junto con todo el pueblo, su voz de protesta y de execración del brutal y genocida ataque del ejército norteamericano. Rompimos relaciones con el país norteño e hicimos las reclamaciones del caso ante los organismos internacionales.
Después, los cambios de gobierno en ambos países, las consabidas conversaciones diplomáticas y nada más.Pero la memoria de los pueblos es indeleble. Sólo hace falta el liderazgo adecuado para que despierte con mayor energía e inagotable vigor. Porque, además, tampoco la Historia real puede borrarse. Se podrá tratar de echar un manto de olvido durante algún tiempo, pero cuando las circunstancias cambien se alzará con sus caracteres claros y firmes en el horizonte de los humanos. Los pueblos no olvidan y nunca bajan la guardia.
Por eso logramos obtener nuestro Canal y con él nuestra plena soberanía e integridad territorial.Por ello, aunque nos falte la enjundia de los narradores de la historia, el pueblo panameño cada día vuelve —con mayor vigor e ímpetu— a recordar los hechos que surcaron de luto su existencia con los vejámenes de la discriminación, la prepotencia y la violencia genocida. Los actos conmemorativos de ayer, a nivel popular, demostraron claramente que los pueblos no pierden la memoria. Porque ella -además e indefectiblemente— es imborrable.
 

LA DIALÉCTICA DE LA MENTIRA

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La dialéctica, según cualquier diccionario de cualquier idioma, no es más que el arte de razonar metódicamente. Es claro que en todo razonamiento hay una base de lógica, de orden en el razonar. Pero, cuando se parte de una premisa falsa, la lógica se trastoca y se sale de la razón pura para terminar en una suma de contradicciones y de mentiras.
En Panamá existe una gran inseguridad pública. No es atrevido decir que mucha gente se abstiene de salir a las calles por temor a la violencia. Muchas personas inocentes, incluso niños, han encontrado la muerte en pleno día por el cruce de disparos entre pandilleros. En los barrios populares la zozobra es permanente porque las balas silban y el brillo de los cuchillos enceguece la tranquilidad de los vecinos. Estos son hechos que no se pueden negar y que amplían la percepción de inseguridad y de temor en que vive gran parte de la sociedad panameña. Esa percepción es una realidad incontrovertible. Nadie puede negarla, ni distraerla con maquillaje alguno.
Por ora parte, la realidad cotidiana no es la misma todos los años. El índice de muertes por homicidio o por la violencia antisocial, puede bajar hoy en comparación con el año anterior, pero ello no indica que el peligro sea menor o que la delincuencia haya bajado la guardia. Si ello fuera así no se justificaría el uso de millones y millones de balboas o dólares en la compra de equipo y armamento contra la delincuencia y el narcotráfico,
Lo conducente es tomar esas estadísticas —que hoy se esgrimen como lábaros de triunfo- para proyectar acciones, para comparar situaciones anteriores con las actuales para enmendar errores y rectificar el camino. No nos dejemos embaucar por la dialéctica de la mentira. El nivel mercurial ,de la percepción social, aumenta en proporción directa al índice de crecimiento de la delincuencia y la corrupción.

La dialéctica, según cualquier diccionario de cualquier idioma, no es más que el arte de razonar metódicamente. Es claro que en todo razonamiento hay una base de lógica, de orden en el razonar.

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¿Y LA COMIDA DÓNDE ÉSTA?

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Últimamente las cifras oficiales y las de algunas instituciones internacionales, especializadas en asuntos económicos, nos hablan con gran optimismo del crecimiento económico de Panamá y de su clara proyección de crecimiento hacia el futuro.
Pero independientemente de que no haya un justo y adecuado equilibrio social que acompañe ese crecimiento, existe algo que debe llamarnos a la preocupación y que ya se está sintiendo hace rato en la vida cotidiana del panameño. Se trata de la escasez en el mercado nacional de productos alimentarios.
Es un hecho cierto que el costo de la Canasta básica se ha mantenido en una alza constante. Es cierto que cada día se hace más difícil poner la olla en los hogares pobres. Cierto es, también, que —a pesar del crecimiento económico comprobado y las optimistas proyecciones para el futuro-- los problemas sociales crecen sin solución de continuidad, debido a la imprevisión administrativa y al desorden político que se ha entronizado en el país.
En estos momentos se ha constreñido la oferta de productos alimentarios por razón de la baja producción agropecuaria que vive el país. El fenómeno climático que nos ha venido golpeando últimamente, ha agravado más el problema. Pero el sector del agro sigue en el abandono. No se conocen planes, ni programas específicos para enfrentar la situación.
Es preciso hacer algo con urgencia. La crisis alimentaria es un fenómeno mundial. Pero en Panamá ni siquiera producimos para nuestra propia subsistencia. Y eso es verdaderamente grave.
Últimamente las cifras oficiales y las de algunas instituciones internacionales, especializadas en asuntos económicos, nos hablan con gran optimismo del crecimiento económico de Panamá y de su clara proyección de crecimiento hacia el futuro.
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PERSPECTIVAS E INCERTIDUMBRES

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El año que acaba de iniciarse se encuentra en el dintel de su puerta de entrada con una serie de pesados lastres, administrativos, políticos y sociales, que no logran esconderse, a pesar de las buenas perspectivas de crecimiento económico que se presentan.
Es justo aceptar que en Panamá se vive un desajuste permanente, una trabazón de cambios en diferentes direcciones, que no permiten el embrague adecuado para el tránsito tranquilo y rítmico de la sociedad. La percepción de desorden, de engaño y de indolencia ante los problemas que tiene las comunidad panameña, va mucho más allá de la mera idea para convertirse en auténtica desazón.
La gente no entiende por qué si hablamos de un crecimiento económico envidiable y positivo, el índice de desempleo sigue en alza y la Canasta Básica, el combustible, la energía eléctrica, los problemas educativos, las deficiencias en la atención médica y los enredos del transporte siguen martirizando a la sociedad.
Todo esto frena un tanto el optimismo con el cual en otras ocasiones se espera un nuevo año. Pero algo puede lograrse para enmendar esa situación de pesimismo. Es preciso afianzar estructuras legales, disciplinar la burocracia y ponerle un alto al juega vivo político, de parte y parte, para lograr un equilibrio positivo que permita un más adecuado desempeño administrativo, social y político en el país.
Panamá tiene grandes potencialidades naturales pero, en el momento, la utilización de ellas -a pesar del crecimiento económico que tenemos— no la estamos aprovechando en toda su capacidad. Pero podemos hacerlo, pues es sólo cuestión de ajustes, de prioridades y de coordinación.

El año que acaba de iniciarse se encuentra en el dintel de su puerta de entrada con una serie de pesados lastres, administrativos, políticos y sociales, que no logran esconderse, a pesar de las buenas perspectivas de crecimiento económico que se presentan.


Es justo aceptar que en Panamá se vive un desajuste permanente, una trabazón de cambios en diferentes direcciones, que no permiten el embrague adecuado para el tránsito tranquilo y rítmico de la sociedad. La percepción de desorden, de engaño y de indolencia ante los problemas que tiene las comunidad panameña, va mucho más allá de la mera idea para convertirse en auténtica desazón.La gente no entiende por qué si hablamos de un crecimiento económico envidiable y positivo, el índice de desempleo sigue en alza y la Canasta Básica, el combustible, la energía eléctrica, los problemas educativos, las deficiencias en la atención médica y los enredos del transporte siguen martirizando a la sociedad.

 

Todo esto frena un tanto el optimismo con el cual en otras ocasiones se espera un nuevo año. Pero algo puede lograrse para enmendar esa situación de pesimismo. Es preciso afianzar estructuras legales, disciplinar la burocracia y ponerle un alto al juega vivo político, de parte y parte, para lograr un equilibrio positivo que permita un más adecuado desempeño administrativo, social y político en el país.Panamá tiene grandes potencialidades naturales pero, en el momento, la utilización de ellas -a pesar del crecimiento económico que tenemos— no la estamos aprovechando en toda su capacidad. Pero podemos hacerlo, pues es sólo cuestión de ajustes, de prioridades y de coordinación.

 


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