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Sábado, 18. Mayo 2013
 
Editorial

LAS REFORMAS ELECTORALES

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Cada vez que culmina un proceso electoral a nivel nacional, se requiere, de acuerdo a las experiencias que se han obtenido, hacer ajustes en las reglamentaciones estipuladas por el Tribunal Electoral de acuerdo cort la Ley, para que, en el próximo período las cosas salgan mejor y siempre más apegadas a la democracia y la transparencia requeridas.
En contra de lo que estipula el Calendario del Tribunal, la Asamblea Nacional de Diputados ha insistido en diferir la discusión y aprobación de la nueva Ley Electoral, ya analizada y consensuada.
Esta demora en realidad despierta suspicacias y acelera el morbo popular, que ya habla de jugadas previas al proceso comicial para el acomodo de algunos grupos políticos que desean mantenerse en el poder, más allá de este período gubernamental. Cierto o no el asunto, la verdad es que el retraso en la consideración de esa Ley, pone en peligro la cabal y adecuada organización del próximo proceso electoral para el 2014.
El Tribunal Electoral necesita tiempo, dinero y recursos humanos que deben empeñarse en la labor organizadora del período electoral venidero, para que el país siga avanzando con rectitud y con la tranquilidad necesarias que demandan su desarrollo material y su tranquilidad anímica.
No se trata ahora de hacer un juicio de valor del actual Gobierno y sus dirigentes, ni tampoco de los integrantes del Tribunal. Lo que interesa es que se hagan las cosas a tiempo y evitar seguir sembrando maliciosas conjeturas que no hacen bien a nadie.
Cada vez que culmina un proceso electoral a nivel nacional, se requiere, de acuerdo a las experiencias que se han obtenido, hacer ajustes en las reglamentaciones estipuladas por el Tribunal Electoral de acuerdo cort la Ley,
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APOSTEMOS POR LA CLARIDAD DEL DIÁLOGO

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Después de varios días de zozobra y de enfrentamientos con los indígenas, pérdida de vidas humanas y muchos millones de lesión a la economía nacional, el Gobierno ha aceptado dialogar. No es un mero decir pero, en verdad, lo hizo en buena hora pues mientras el tiempo pasaba, los augurios eran peores y se vislumbraba ya una crisis social y política muy peligrosa.
Ahora bien. Hasta el momento del pacto de San Lorenzo, todo indicaba que -como en ocasiones anteriores—los políticos del Gobierno sólo pensaban en el respiro que obtenían y que, a pesar de la mediación de la Iglesia y de la firme posición de su representante, el Obispo Monseñor José Luis Lacunza, estaban decididos a ganar la guerra en la Asamblea de Diputados. Los escarceos primarios, sin embargo, se estrellaron ante la posición digna, firme y decidida de los indígenas que, por primera vez, contaban también con el respaldo de una gran mayoría de la comunidad nacional.
Las primeras sesiones de la cámara de diputados no han sido ~ como esperaba el sosiego nacional— suficientemente alentadoras. Lo cierto es que, detrás de cada uno de los señores diputados sigue existiendo una realidad de exigencias o de conveniencias políticas que como no resulta insólito, no siempre hacen armonía con los intereses comunes, ni con los del país.
Gobernar es un ejercicio de mucha capacidad. Toda actividad humana demanda un sentido de estrategia frente a las circunstancias para hacerlo lo mejor posible. El problema que subsiste, no solamente es con los indios, sino con toda la comunidad panameña, tal como lo demuestra la solidaridad general con ellos. Los diputados no fueron electos para jugar al más por menos o a la ruleta de la fortuna. Además, la vida de los pueblos originarios está por encima de cualquier otro interés nacional. Ellos son los primeros panameños!.
Después de varios días de zozobra y de enfrentamientos con los indígenas, pérdida de vidas humanas y muchos millones de lesión a la economía nacional, el Gobierno ha aceptado dialogar.
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EL DERECHO DE VIDA DE LOS INDÍGENAS

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El vasallaje y la explotación económica, unidos al desprecio social, quedan aún como resabios de la época de la conquista y de la colonia, cuando las indios eran considerados como algo menos que seres humanos, no más allá de esclavos o bestias de carga.
Aquellos de tierra adentro, de allá de las montañas del Istmo, pocas oportunidades han tenido para prosperar. Los terratenientes y ricachones poblanos —con su trasnochada cultura feudal— los apartan y sólo se relacionan con ellos en sus grandes fincas, donde explotan su trabajo por un mísero salario. Siempre ha sido así. Sus problemas no despiertan la preocupación de nuestros gobiernos. Pero la riqueza de sus tierras sí cobra cada mayor atracción para algunos políticos y sus conmilitones.
Como excepción, en el año de 1956, bajo la Presidencia de don Ernesto de la Guardia, hijo, fue nombrada una Comisión Indigenista que abrió las puertas de la preocupación humanística de aquel ilustre Mandatario, pero poco se hizo. Por allí quedaron los estudios e informes de Diógenes de la Rosa y Jgrge Enrique Turner. Mucho después el Gobierno militar, hizo un acercamiento efectivo y positivo con los indios. Les creó escuelas, les dio becas, esforzó amplios programas de salud y les envió médicos, maestros, y funcionarios de las agencias oficiales a hacer vida común en las comarcas y a apoyar a los indígenas. Las Comarcas formaban parte de patrullaje doméstico, del regimén y entonces   comenzaron   a   graduarse   los   primeros   médicos, abogados y profesores nativos de esos lugares.
La diferencia hora es que ya ellos se saben y se sienten parte de la nación panameña y que exigen -como todos nosotros- el respeto a su derecho de vida en paz y sin alevosos ataques a su cotidianidad.
El vasallaje y la explotación económica, unidos al desprecio social, quedan aún como resabios de la época de la conquista y de la colonia,
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HOSPITAL ONCOLÓGICO

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En cualquier otro lugar, su nombre suena a fatalidad, augura cosas malas, desestima la esperanza. Pero, definitivamente, aquí en Panamá la cosa es diferente. Ese centro de salud, tiene connotaciones de esperanzas, de ilusiones, de luchas y de ansias de vencer Porque eso es lo que se ofrece al paciente enfermo de angustias, de desesperación y de pesimista resignación que llega a este hospital.
Allí hay orden en toda ejecutoria, prioridades y coordinación extremada para evitar molestias al paciente y a sus familiares en ia evacuación de exámenes y atensión general. Pero, sobretodo, existe un firme sentimiento de solidaridad humana, de dar la mano y ofrecer el hombro, no para llorar desconsuelos, sino para luchar, para seguir enfrentando la terrible enfermedad.
El Patronato que administra este centro hospitalario, cuenta con los recursos humanos más decididos e interesados en hacer el bien y manjtener, el espíritu de solidaridad permanentemente y sin desmayos. Damas voluntarias de diferente procedencia y sin distingos de molestosas clasificaciones sociales o económicas, se han hermanado con el equipo científico de médicos y enfermeras, así como también a un personal administrativo atento y meticuloso en el cumplimiento de sus responsabilidades, para dar al paciente el mejor de los tratos y encenderle en el firmamento de sus vidas amenazadas, una luz de esperanza y la seguridad de una atención humanamente solidaria.
Es de justicia reconocer esta excelente labor del Patronato del Hospital Oncológico, de los Médicos, enfermeras y personal voluntario y los administrativos de la institución que, hoy por hoy, es una muestra efectiva y clara del espíritu de solidaridad que se alberga en el corazón de tantos panameños.
En cualquier otro lugar, su nombre suena a fatalidad, augura cosas malas, desestima la esperanza.
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¿Y AHORA QUÉ? ¿QUE VENGAN OTROS MÁS?

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Lo que se necesitaba era dialogar. Sentarse a absolver posiciones. Ese era el camino de la prudencia y de lo positivo.


Pero se quiso estirar la cuerda más allá de lo debido. Esa tirantez política y se empecinamiento absurdo es lo que ha prevalecido sobre toda las razones. Es la tozudez, la razón de la sinrazón.El problema se ha multiplicado. Se han abierto nuevos frentes y trincheras insospechadas, porque la incapacidad y la prepotenciade las autoridades no han podido contenerse. Hace unos días enla Asamblea de Diputados, uno de ellos -ya famoso por suinsistencia en pasar una Ley autorizado la pena de muerte —dijoque "se está buscando un muertito" Un par de días después, aliniciarse el problema con los indios, la misma frase fue utilizada por el Ministro de Seguridad, paso a paso, empedrando la ruta de mentiras y de obstáculos, se propició la creciente gravedad del problema. Se eludió el diálogo ordenando a las compañías que atienden la telefonía móvil, suspender el servicio en el área del conflicto. De esa manera cortar la comunicación entre la dirigencia de los indígenas y las bases. Así, sin previó aviso, se atacó y se produjo el primer muerto. Es más la policía se introdujo en lugares poblados, fuera del área de conflictiva y, de paso, cerró el acceso a los hospitales para poder enmascarar la gravedad de los hechos provocados. 

 

Este  es un relato sobrio de lo que ha dicho toda la prensa nacional y que ya trascendió nuestras fronteras. La unanimidad de los medios en presentación de los hechos, garantiza su veracidad. Entonces, ¿Qué hacer ahora? Por lo menos, dejemos de insistir en buscar culpables más allá de la realidad. Allí están las vistas televisivas y el audio de las mismas. Allí se descubren la realidad y la mentira. Aprovechemos el momento para utilizar este frente común que ha hecho la sociedad civil, la iglesia y el pueblo para encontrar una salida al problema. Nada más debe importar.

 

CON PREMEDITACIÓN Y ALEVOSÍA

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Lo que se inició como un alegre carnaval de promesas y de ilusiones, se ha ido convirtiendo en una secuencia calculada fríamente con toda alevosía y premeditación casi matemática, para -según las autoridades de turno—construir un nuevo país. Lo grave, lo triste, lo alevoso e imperdonable es que se está destruyendo todo el andamiaje institucional del mismo.
En realidad, en Panamá se está efectuando un cambio. Si a alguien le queda la menor duda, los hechos se encargan de recordárselo. El país entero está, como dice el vulgo, "patas arriba". No hay ritmo, ni compás en sus acciones y la gente está casi enferma por el desorden, el bullicio y la eterna confrontación entre grupos políticos, adobado todo esto con un empalagoso guiso propagandístico que ya es insuficiente para levantar el optimismo colectivo.
Pero detrás de toda esta mampara se esconde la disputa hasta ahora inédita, de grandes intereses comerciales que no logran ponerse de acuerdo en el reparto de los dividendos que arroja el crecimiento sostenido del país, en estas dos primeras décadas del siglo veintiuno. La sociedad, en su conjunto, sale perjudicada en esa gran pelea de paquidermos que se disputan el poder económico, por la vía de utilizar los recursos del poder político llevándose por delante cuanto encuentran a su paso.
Lo tenebroso del asunto es que, mientras se vulnera la moral pública y se alimenta el morbo partidista popular, se está desarrollando un programa de destrucción institucional de la democracia para concentrar el poder político en un solo grupo económico. Pareciera que todo ha sido premeditado con alevosía y ventaja- Se está destruyendo el país y -como siempre—el pueblo sigue siendo el tonto útil, el convidado de piedra en esta alevosa trama contra el país.
Lo que se inició como un alegre carnaval de promesas y de ilusiones, se ha ido convirtiendo en una secuencia calculada fríamente con toda alevosía y premeditación casi matemática, para -según las autoridades de turno—construir un nuevo país.
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EL PARLACEN Y LA IMAGEN HISTÓRICA DEL PAÍS

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El asunto del PARLACEN se convirtió en un problema político-interno que -como era de predecir—ensució la imagen de nuestro Gobierno en el exterior, por la vinculación internacional y que, en alguna forma, ha nublado el comportamiento histórico de nuestro país en el concierto continental.
La tan cacareada inmunidad política que tienen sus miembros y que, debido a sus estatutos, beneficia también a los ex presidentes de las repúblicas miembros, no justifica que la política histórica de un país se vulnere por rencillas internas de tipo político partidista o de conveniencias electorales en esos países. Por el contario, ello debe entenderse como una deferencia especial para los países asociados, ya que se está honrando al Primer Magistrado de esas repúblicas, al momento de entregar el poder.
El PARLACEN es una institución de países soberanos. Lo que suceda dentro del perímetro político de ellos es cuestión aparte, siempre y cuando no desestabilice, ni vulnere o deteriore el sistema integral del continente y sus intereses genuinos. Pero, además de esas consideraciones, Panamá es un país geográfica y económicamente especial dentro de la región y su historia está ligada —con características especiales— a la de todo el Continente, Por si eso fuera poco, su Canal y su especial posición geográfica le adjudican una gran responsabilidad, no sólo en la historia del Nuevo Mundo, sino también en su futuro.
El asunto no es como insisten en plantearlo los políticos. No se trata de que alguien pudo poner una "pica en Flandes", o se perdió una batalla. Lo prudente es rectificar y empaparse más de la responsabilidad histórica que tenemos como país y como panameños, ciudadanos del mundo de hoy.
El asunto del PARLACEN se convirtió en un problema político-interno que -como era de predecir—ensució la imagen de nuestro Gobierno en el exterior, por la vinculación internacional y que, en alguna forma, ha nublado el comportamiento histórico de nuestro país en el concierto continental.
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ESTÁN DESTRUYENDO LA MORAL PÚBLICA

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El llamado del Arzobispo, Monseñor José Dámaso Ulloa a la recapacitación y al esfuerzo de todos para lograr la erradicación de hechos tan bochornosos como los que se escenificaron en el recinto legislativo, esta semana, debe ser escuchado con mucha atención, por todos a quienes nos importa el país y nos duele el ultraje a que lo han sometido los políticos. Porque la gente decente, los obreros honrados, los profesionales serios, los respetuosos de la moral pública y de los derechos de su prójimo, no podemos permitir que se siga destruyendo —a golpe de mazó­la base ética y cívica de la sociedad panameña, por la acción de los políticos, sin dios ni fe, que se aferran al poder por el camino de la prepotencia y de la sinrazón.
Pero no es sólo aferrándose al silencio, ni al desprecio de las malas acciones de esa gente, como se puede llegar a soluciones concretas. Hace falta la actitud de protesta cívica permanente, la denuncia abierta de todo lo que conspira contra la institucionalidad del Estado. No se trata de atizar el morbo partidista de quienes no han sabido utilizar el poder político con prudencia, ni de aquellos desplazados por sus propios errores y su connivencia para con sus jefes de partido, inmersos en el juega vivo de la política criolla.
Se trata de exigir cívicamente el cambio de ritmo de la actividad política. Es necesario negar todo respaldo público a aquellos que nos avergüenzan con sus acciones deshonestas y de altisonante estupidez. El obrero decente y honrado, el intelectual esforzado y serio, el empresario honesto, no debe socializar con ese tipo de gente. Y el pueblo, ese que tendrá la última palabra en las urnas, debe -desde ya — ir tomando nota de todos estos hechos bochornosos y delictivos de los politiqueros criollos para tenerlos presente en la memoria, al momento de hacer su elección en los próximos comicios.
El llamado del Arzobispo, Monseñor José Dámaso Ulloa a la recapacitación y al esfuerzo de todos para lograr la erradicación de hechos tan bochornosos como los que se escenificaron en el recinto legislativo, esta semana, debe ser escuchado con mucha atención, por todos a quienes nos importa el país y nos duele el ultraje a que lo han sometido los políticos.
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CONFRONTACIONES ABSURDAS Y PELIGROSAS

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Las confrontaciones son positivas cuando amplían el horizonte del entendimiento y propician soluciones adecuadas. Pero son absolutamente absurdas y peligrosas cuando se vuelven obsesivas y prepotentes. El asunto de la Sala Quinta se ha manejado con la terquedad de lo absurdo, adobado con la prepotencia de la más oscura obnubilación política.
La estrategia política del actual Gobierno se ha venido deslizando sobre el acondicionado carril de la propaganda, más que de la información veraz y objetiva. De hecho, en los últimos meses se ha desarrollado -casi permanentemente — una pugna con los medios de comunicación. No importa ahora, para este caso, discutir los motivos particulares que la hayan sustentado en determinados momentos y circunstancias. Lo cierto es que esa confrontación existe, casi como tabla rasa para todos los medios.
Con el asunto de la Sala Quinta está pasando lo mismo. El manejo ha sido desastroso, Nadie ha informado nada con la objetividad requerida. Por el contrario, se esconden propósitos y se dice allá y acullá frases que significan cosas que no son bien recibidas por la comunidad. El ambiente se ha caldeado tanto, se ha sentido con tanto peso la burla a la opinión pública, que ya han comenzado a darse, en secuencia, protestas cada vez mayores.
Lo sucedido ayer en la Asamblea de Diputados es el resultado de ese manejo político de confrontaciones innecesarias que ya está cobrando perfiles de gravedad y que deterioran, cada vez más, el juego democrático. La Democracia nos costó mucho dolor, sacrificios y sobresaltos para que ahora, por el prurito de no hacer las cosas bien, caigamos nuevamente en confrontaciones odiosas y tan graves, que amenazan con cerrar las puertas para el avenimiento y la tranquilidad ciudadana, cada día más vulnerada por la tozudez del absurdo y la incapacidad de cerrar brechas y deponer confrontaciones.
Las confrontaciones son positivas cuando amplían el horizonte del entendimiento y propician soluciones adecuadas. Pero son absolutamente absurdas y peligrosas cuando se vuelven obsesivas y prepotentes.
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EL PRIMER DÍA DE CLASES DEL MINISTRO

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Apenas estrenado el despacho, el nuevo Ministro de Gobierno anunció la inducción de una Ley que carga a los usuarios de la telefonía móvil una tasa o -en cuentas claras—un impuesto para que las compañías hagan el soterrado de los cables. Evidentemente el nuevo Ministro, como buen estudiante, decidió seguir el programa y anunciar una nueva carga impositiva para el ya fatigado y fastidiado panameño.
Con la constancia que dicta la desesperación hemos insistido en que la ciudad capital se pone cada vez más fea. Su imagen es de descuido, de abandono, de desorden. Las autoridades nacionales y municipales se han servido de ella hasta el máximo, pero la mantienen abandonada, sin reglamentaciones que la protejan del maltrato cotidiano y sin poner un freno a su deterioro galopante.
Pero no es el público usuario de la urbe capital el único responsable de esta situación. Por el contrario, el desorden nace y es permitido en otras instancias superiores. La complacencia política y la influencia económica de las Empresas que obtienen las concesiones para prestar los servicios públicos, siempre se imponen sobre los intereses y conveniencias del usuario y del Estado contratante.
Son esas compañías multimillonarias las que se resisten a cumplir con sus obligaciones, consiguiendo adendas sobre los contratos originales que les permiten burlar sus responsabilidades o, en algunos casos, las propias autoridades del Estado -por pura complacencia y amistad o influencia política y económica, liberan de ciertas obligaciones a las empresas. Es así como la ciudad se ha ido afeando con largos y enmarañados cables de toda clase que, además, constituyen un peligro permanente que ya ha cobrado muchas víctimas fatales.
Apenas estrenado el despacho, el nuevo Ministro de Gobierno anunció la inducción de una Ley que carga a los usuarios de la telefonía móvil una tasa o -en cuentas claras—un impuesto para que las compañías hagan el soterrado de los cables.
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